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Rosella Staltari puede definirse como una hija de su tiempo y del
ambiente propio del sur de Italia, en el cual nació y vivió.
En una localidad áspera y perdida, denominada
“Cacciagrande”, que se encuentra en la localidad de Antonimina, en la
zona de Regio Calabria (RC), florece y pasa como un rocío la vida de
esta tierna joven. Rosella fue la tercera de tres hijos del matrimonio
compuesto por Antonio y Maria Reale.
A la distancia de pocos meses, a causa de una inundación, la
muy pobre familia Staltari encuentra refugio en Marrapodi, en la misma
RC. A la edad de dos años, Rosella pierde trágicamente a su madre
debido a una banal caída.
Así, huérfana de madre, encuentra acogida en el Instituto
“Scannapieco” en donde permanece hasta la edad de catorce años. En el
transcurso de estos años se desarrolla una profunda vida espiritual,
misma que se refleja en algunos pasos de su epistolario y diario
espiritual.
Sus años de infancia y adolescencia están caracterizados de
múltiples privaciones y de un sufrimiento terrible producto de la falta
de afecto. Todo ello incide en el ánimo y la salud de Rosella, una
joven sumamente sensible. Ella misma a los 16 años escribe:
“Era todavía niña y me
parecía de haber vivido ya suficiente. Me parecía tener muchos más años
y de no necesitar a ninguno; no me había dado cuenta que el dolor me
había hecho madurar a grandes pasos”.
Al terminar la escuela media en la ciudad de Locri (RC) es
transferida a la capital, a Regio Calabria, en donde operan las Hijas de
María Corredentora, quienes tienen una casa-hogar para jóvenes
huérfanas, con situaciones familiares difíciles o necesitadas.
Su ingreso, el 15 de octubre de 1965, en el nuevo Instituto
es un fuerte estímulo que le hace recuperar luz, orden y una decisiva
orientación a los valores genuinos que estaban escondidos como perlas
preciosas en su vida interior. En este Instituto se encontrará con un
santo sacerdote, el Padre Vittorio Dante Forno, Fundador de la
Congregación Religiosa, así como con la Directora del mismo Instituto,
la Señorita Maria Salemi, colaboradora del proyecto de fundación.
Ambos, serán las guías espirituales de Rosella en su camino ascético y
místico, y principios de referencia espléndidos en cuanto a la
paternidad del primero así como la maternidad cálida de la segunda.
En ese nuevo ambiente lleno de acogida y de gratificaciones,
muy distinto a aquel en el que vivía Rosella, termina sus estudios de
secretaria y posteriormente de maestra para niños.
Rosella no parece muy distinta a las otras jóvenes de su
edad. Lleva a cabo su vida con las dificultades comunes, considera que
tiene un carácter difícil y se define a sí misma como un poco salvaje.
Sin embargo, en el interior es muy distinta a las demás en tanto que
revela una consistencia interior excepcional, una capacidad atípica de
autocontrol, una despreocupación por su persona, así como una
disposición poco común al sacrificio y al servicio. No le gusta llamar
la atención. Tal era ésta su voluntad, que en su diario espiritual de
la adolescencia escribe:
“Haz, Dios mío, que pase sobre la tierra de manera
inadvertida”.
El Padre Carmelita Graciano Pesenti ha escrito una frase
significativa que describe la vida espiritual de Rosella, ésta dice:
“Sonrisa, serenidad de rostro, gracia en su trato confirmaban un
delicado y receptivo estado de ánimo”.
Rosella mantuvo una constante y
nutrida correspondencia con los superiores del Instituto, en tanto que,
ella misma, afirmaba que dado su pésimo carácter no era capaz de
expresarse verbalmente, por lo que debe hacerse ayudar de sus escritos
para caminar en su vida espiritual.
Dos pensamientos breves de esta nutrida correspondencia nos
dan idea de su persona. El primero corresponde a una carta dirigida al
citado Padre Forno en el año de 1968, a la edad de 17 años, en donde
decía:
“Querido
Padre, quisiera que Usted sea mi Director Espiritual, con el fin de que
al conocer mi alma pueda Usted arrancar cualquier cosa que pueda
mínimamente distraerla o alejarla de la verdadera luz que es Cristo”.
Posteriormente, en el mismo año, escribió a la Directora:
“Quisiera confiarme a Usted,
quisiera que Usted me enseñe a amar a Jesús, a seguirlo y a hacerme toda
suya”.
Las palabras amor y luz son las coordenadas de
base en el lenguaje de Rosella; palabras que se entrecruzan y se
reencuentran sin pausa hasta alcanzar proporciones insospechadas.
En un estudio sobre la espiritualidad de Rosella, María
Papascoli expresa que:
“Su correspondencia es el
hilo conductor para seguir el camino de una corta vida, hecha de nada,
sobre el perfil externo de una cotidianeidad de actos y actitudes que
dejaban en ella un eco vivo y profundo parecido al que hubiera podido
dejar un grande suceso”.
Son ejemplares los sentimientos de confianza, de respeto, de
total sumisión y de benevolencia que Rosella tiene para con sus
superiores. Las cartas a ellos dirigidas son dictadas de sentimientos
traducidos en actos concretos que demuestran la creencia firme del
Evangelio, sobre todo a las palabras del apóstol Lucas (10, 16)
“quien a ustedes escucha, a mí me escucha”.
Rosella, desde la
niñez tenía una devoción sincera a la Virgen María. Cada vez que
recurría a la Virgen lo hacía con visible y extraordinario celo. Cada
página o carta escrita por ella, contiene el saludo “Ave María”.
Aquí una de sus innumerables invocaciones:
“Dame tanto amor Santísima
Virgen María, que deje en mi alma la huella de tu Jesús”.
La configuración a Cristo en el dolor constante en la vida
de Rosella, es también una de sus características. Ella misma lo
afirmaba: “Mi dolor escondido, nadie lo ve, pero igualmente me
atormenta”.
El sufrimiento más agudo acrisola el espíritu de Rosella y
la dispone siempre a exigencias más profundas. Un ejemplo de esa tensión
interior la encontramos cuando se pregunta: “¿Dónde estás, ¡Jesús!,
cuando me siento terriblemente sola? ¿Por qué te escondes?”
Rosella es un ejemplo de una
mirada fija en la trascendencia, que le permite una madurez espiritual
que la hace abrazar plenamente la vida religiosa.
El Padre Carlo Cremona describe así tal decisión en la vida
de Rosella:
“Rosella caminaba trazando un
camino sobre las espinas y en su salvaje sensibiliad se había enamorado
de Jesús como una mística”.
A pasos agigantados, el 2 de julio de 1973, Rosella irrumpe
solemnemente con un canto vigoroso que salía desde lo más profundo de su
alma porque con la Profesión Religiosa puede finalmente dar su sí a
Jesús, decía:
“Este sí, me ligará a Ti para
siempre, y por ello quiero que sea pronunciado de una manera generosa,
ilimitada y sobre todo que muestre mi gran amor a Ti y a tu cruz”.
Rosella se injerta rápidamente en la espiritualidad de las
Hijas de María Corredentora que tienen como objetivo “formar almas
que se ofrezcan como hostías por los sacerdotes, en la misma actitud de
la Virgen Corredentora, en el silencio, en la contemplación, en el
trabajo, en la inmolación a la voluntad de Dios, conocida, aceptada y
amada”.
Rosella cree
firmemente que para seguir a Jesús, de manera radical, es necesario
desprenderse de todo y de todos, y con la madurez típica de una mujer ya
entrada en los caminos del Espíritu sugiere, ya como parte de lo que
fuera su testamento espiritual, a los 22 años, antes de moriri, lo
siguiente:
“Rosella, si te has dado toda a Jesús,
debes aprender a encontrar toda respuesta en Jesús,
aquello que encuentres lejos de Él, será nada”.
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ORACIÓN (Para obtener
la glorificación de Rosella Staltari)
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